Scioli por el progresismo, Macri por el conservadurismo

Después de 12 años de gobierno progresista, el conservadurismo vuelve a tener posibilidades reales de vencer la elección presidencial en Argentina; el domingo el país decidirá si sigue con Scioli el proceso iniciado en 2003 para llegar a ser un país desarrollado, o si retrasa el proceso algunos años con Macri

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Argentina, que al principio del siglo XX era un país desarrollado, tuvo su progreso restringido durante la Guerra Fría, pues mientras los otros países desarrollados, después de la Segunda Guerra Mundial, consolidaban sus democracias, el país tuvo su democracia destruida varias veces por EE.UU. y el conservadurismo internacional y nacional, igual que Brasil, Chile y muchos otros países latinoamericanos. Sin embargo, ya pasaron más de 30 años de democracia continua en Argentina, y a pesar de que hubo momentos mejores y peores durante este período, lo que se ve como rumbo histórico de largo plazo es que el país está volviendo a desarrollarse rápidamente y, en las próximas décadas, puede volver a ser un país desarrollado en el contexto mundial. Este desarrollo fue especialmente intenso durante los 12 años de gobierno progresista, iniciados en 2003 por Néstor Kirchner. Este domingo, 22 de noviembre, el país va a decidir si sigue rumbo a volver a ser un país desarrollado, con Daniel Scioli, o si retrasa el proceso algunos años, con Mauricio Macri.

La disputa de la segunda vuelta es extremadamente pareja, lo que se concluye por los resultados de la primera vuelta, en que Scioli y Macri tuvieron, respectivamente y aproximadamente, un 37% y un 34%. El hecho de que Scioli haya tenido un 3% más es compensado por la cuestión de que el perfil político de los otros candidatos de la primera vuelta es en promedio levemente favorable a Macri. Si se tiene todo en cuenta, no es imposible un resultado prácticamente empatado, con un 50% a un 50%, decidiéndose por poquísimos votos. Algunas encuestas dan a Macri como vencedor, pero hay varias razones para no considerar esto una realidad. En primer lugar, las encuestas suelen ser en su mayoría de empresas conservadoras, que prefieren la elección de Macri. De forma intencional o no, esta preferencia conservadora suele reflejarse en los métodos utilizados en la encuesta, lo que acaba inclinando los números artificialmente al candidato conservador. Aunque esta deformación no ocurra, la veda de 8 días sin divulgación de encuestas es un desastre para cualquier utilidad que pudieran tener las encuestas, pues en una segunda vuelta, en la última semana pueden ocurrir (y suelen ocurrir) enormes cambios en las encuestas, como pasó hace un año en las elecciones de Brasil. De hecho, la dinámica de las elecciones de 2014 en Brasil fue muy parecida a estas elecciones argentinas. En Brasil, a 8 días de las elecciones, la mayoría de las encuestas indicaban firmemente como ganador al conservador Aécio Neves. Al final, quien venció fue la presidenta progresista Dilma Rousseff, con una ventaja del 3,3%.

Una victoria del conservadurismo en Argentina reduciría la intensidad del ciclo progresista de Sudamérica, que hoy día tiene casi todos sus gobiernos pertenecientes al espectro político progresista. Con relación a la posibilidad de victoria del progresismo el domingo, hay que estar atento a que el conservadurismo argentino difícilmente va a aceptar sin resistencia la continuidad de la democracia en el país, después de 4 derrotas seguidas. Claro que un golpe de Estado a la democracia es casi imposible, pero el conservadurismo buscará absolutamente todas las formas, como por ejemplo, invalidar las elecciones, para evitar que Argentina tenga otros 4 años de gobierno progresista, totalizando 16 años seguidos. O sea, progresistas argentinos, prepárense para defender sus votos y su democracia, porque es considerable la posibilidad de que Daniel Scioli, el candidato progresista, venza por una pequeña diferencia de votos. Haga clic aquí para volverse un colaborador financiero del culturapolitica.info.